Hoy sueño…

Hoy sueño. Hoy sobrevuelan las nosecuantas primaveras, qué desde el comienzo de la segunda mitad del siglo pasado vienen floreciendo cada 29 de Abril. Primaveras que me traen con frescor de azahares los paseos de mi niñez entre los naranjos y tus brazos. Hoy me recreo en tu plaza, entre tus diseños y tus telas y veo los planos de tu cabeza. Hoy cuento Salmorejos que recuerdo de oreja a oreja. Hoy me siento al lado de tu siesta y con un trozo de chocolate nos vamos de fiesta. Me paro en la pastelería del Corte Inglés y saboreo tu napolitana, y Ochoa en Campana la boca se nos hace agua. Camino por Sagasta y… me veo en un pelele, vaya un Capircho, y después a lo grande de Galán a Cañete. Hablamos con Paco Rodriguez, a esos zapatitos que como te dijo aquel Gitano, no se les puede pedir nada más… ¡cómo que no!… un porcientito, que está la cosa mu mal, nadie te gana ni a cruces ni a caras. Me recorro Sierpes y en la tienda de los cosméticos te conocen con Primor. La Plaza del fondo te hace más Nueva. Y me reduermo en la Cuna donde Pando con una cervecita nos espera. Compramos Orquídeas blancas que nos saludan en Zara Home. Salto por los Valle de tu amiga, esa que te hace tu risa más completa, esto va por Pili y Mili y por miles de anécdotas más. Hoy compramos lotería, que esta vez nos va a tocar, la suerte de tenerte ¿se puede querer algo más? Hoy, hoy, hoy me hago más niño, más hijo con mis recuerdos en mi sueño. Tú un año más, una realidad más eterna. Felicidades Mamá

Miguel Mejías Segura

Me ví

Hoy vi tu obispillo blanco,
Vivaz. Ágil. Enérgico. Fugaz.
Tu lomo azul añil oscuro,
tu buche blanco como la luna.

Te vi sorteando obstáculos naturales,
buscando sustento,
y bebiendo del lago en pleno vuelo.
Construyendo futuras cunas.

Así, de repente me vi en el patio de mi colegio.
Chiquillo que se quedaba absorto
con vuestros primos hermanos
y que chillando me daban los buenos días.
Yo, infante, despistado,
juguetón y travieso,
asombrado,
intentando descifrar los trazos
de los hilos que les daba mi imaginación,
y mientras los entrelazaban
me tejían coronas y mantas voladoras.
Tan raudos eran que a veces parecían,
sombras en los azulejos.
Así eran aquellos mañaneros vencejos.

Estos recuerdos hoy en alúd,
me los trajo un precioso  y veloz avión común.

Miguel Mejías Segura

¡Qué poco falta!

Poco falta, casi nada
para que tu cándida alegría
que exhala tu equilibrado rostro
se pasee por los pasillos de la verdad
y la luz; entre tu entrada,
mi cocina, y la alcoba
de dos semanas de soledad.

Poco falta, casi nada,
para que tus carcajadas,
rompan este inquietante silencio,
que te sustituyó sin permiso.

Para que esos versos que son tus risas,
remuevan el estancado aire,
y lo conviertan en mi brisa.

Poco falta, casi nada,
para que los olores de tus nuevas especias,
se volatilicen al calor del hogar,
alimentando nuevos saberes,
que hagan expulsar lo rancio
de los por fin ayeres.

Qué poco falta, casi nada,
para que la cálida iluminación,
que tus más claros que oscuros
Topacios irradia
tire al nocturno aquelarre por el balcón.

Que poco falta, casi nada,
para compartir la verdad.

Miguel Mejías Segura

Pasa el agua

Hacia arriba trepan y escalan narcóticos pensamientos,
en las noches de estas obligadas ausencias,
por el tronco del almanaque copado por picaresca.
y poco a poco evoca la nariz de nuevo tu esencia,
esas que hacen más ávida y ágil la ascensión.

Y arriba en el sueño, se concentra el oído de nuevo en el riachuelo,
que es alimentado por las nuevas lluvias,
ese paso de agua que se acumula de golpe y con violencia,
y reverbera con claro eco en la bóveda de nuestro obligado silencio.

Miguel Mejías Segura

Escapismo de una bestia

Han pasado ya más de varios días,
y la mentira con desgracia anida y se acomoda
en la sala de estar de la caja torácica.

A la mentira se le adhieren otras capas,
que caen como si no pasara nada.
Sin pasar por la Sala de lo Penal.

El día a día la lleva al estercolero,
ese sitio que no vemos y que sin recelo,
llamamos olvido o falta de recuerdo.
Anaquel para la familia y los amigos.

Le salen costras que la disfrazan
con trajes de la nada y…
caretas sin rostros,
de otras cosas;
de casi amebas.

Lo peor de todo son los espejos de la noche,
que te miran y tú los miras
y el pecho se hace plomo, y los brazos alas de cera
y las piernas grilletes y la cabeza tu presa.

Y piensas…

Ese impune mimetismo aligera el paso firme
hacia la falta de luz de los codos del túnel.
De esté dédalo ni un Minotauro te salva.

Putrefacción lenta que necrosa tejidos
y que a no verla se acostumbra la inconciencia,
porque nació de otro laberinto,
escapismo de otra bestia.

Miguel Mejías Seguravido

Incongruencias y paradojas

Hace más de un año fuimos todo París y Francia,
Berlin y Deutschland en Navidades con fragancias.

Ahora que suenan los tambores de preguerra en tromba
ya no somos de Afganistan y lanzamos una gran Bomba.

Hace unas Semanas adoramos la gran obra “Gernica”
y ahora bostezamos ante el bobo que nos fornica.

Dice libre el viejo sanguinario jactándose con brillantes elocuciones
que de ese Cagari Cataluña sacó rédito de sus no asesinatos sino ejecuciones.

En corea del norte desfilan armamentos con gala,
su pueblo que no lee lo que otros piensan; aplaude y le resbala.

El Reuno Unido ríe y llora porque se separa de europa,
el Brexit toma delantera y Escocia echa jabón a sus esposas.

El que gasta liendres es de Izquierdas y va contra la Fiesta Nacional.
El aseado torero es un asesino en serie y el aficionado un bárbaro irracional.

Aberti, Lorca y Hernandez ensalzaron a Ignacio Sánchez Mejías,
escribiéndole de puño y letra sus hermosas elegías.

La resurrección pasea por una Sevilla que se ha ido a la playa
mientras la maestranza empieza a tirarle al toro su primera lanza.

Y a mí que la incertidumbre me puede al subirme a la báscula,
hago tres panes y me los como antes del Lunes de Pascua.

Y….

Miguel Mejías Segura

 

Y me dije…

Párate en tu cada vez más acelerado tiempo
estrecha fuerte el centro de tu reloj de arena
y acércate hacia donde están tus razones,
dedicándole una mirada a tus otros amores.

Aumenta tus cariños sin que sean caterva,
no des más vueltas a tu rosa de los vientos,
y dirige tu mirada al verde, gris, azul, mar y cielo
allí donde tejen columnas milenarias los vencejos,
canturrea entre olivos el zorzal su cálido invierno,
pacen musculados ovinos bravos frunciendo el cejo,
el trigo ve pasar el faisán y se hace tierno
y el girasol que de tanto girar se dobla el cuello.

Párate en tu acelerado tiempo
y estrecha de una santa vez tu reloj de arena
mirando hacia donde se coció tu niñez a fuego lento
que te dio los mimbres de tu madurez nada serena.
Y recórrete de nuevo el sur en su detenida Semana Grande
por sus fenicias, visigodas, romanas , árabes y recónditas calles.

Y eso hice.

Miguel Mejías Segura