Eran, son y por siempre serán una Triada.

Se hacen llamar así, se unieron por fuerzas aún desconocidas o quizás sí; no sé, por esa «cosita».

De la una conozco sólo sus andares, su belleza. Para saber de dónde viene, a dónde quiería ir, no me hace falta más, a pesar de mi tristeza. De la otra los lazos de sus chaquetas, sus cuadros, sus rizos, su aspecto de cangrejo, su lado tierno, su hechizo. De la otra restante pero todo un sumatorio, mi sumatorio, conozco sus septiembres y sus pensamientos que como si de un mito platónico se tratara habitan en el fondo de la Cueva de su Mirada. Su algarabía fresca… su alegría. Pupilas que entornan espirales de juvilosas experiencias e infinitas reflexiones. Mujeres del ayer, del hoy y del mañana. Del para siempre.

Experimentando el hablar de otros paises la conocí a ella. A las tres. Un solo milifragmento compartiendo esto que le llaman aquí el espacio con su tiempo, se experimenta la maravillosa experiencia que es tenerlas cerca que no poseerlas. A ellas.

Mañanas de Tardes con sus Noches… de matracas gordas de vinos sin vinagre y rosas. De catas y poscatas, a sorbitos de lo sublime. De Azahares y nocturnos Alcázares y sus jazmines. De idas y venidas. De besos al aire. De caballos alados que abren nubarrones. De navidades con todas sus cosas y turrones. De Óperas nada toscas con nuestras roscas. De arenas, tortillas de camarones y helados en vuestros labios; son vuestros sabores. De despedidas con lágrimas contenidas. De abrazos apechugados. De viajes como gatos sin dueños a la luna creciente en guadaña; siempre trasnochados. De volar como vuelan las moléculas del aire. De oler la respiración de la Selva Negra, salvaje. Del amor más y mejor consumado. De correr y tocar alambradas a ojos cerrados. De convertir el intercambio de soles con lunas en una noria de continuas diabluras. De mis lágrimas que se caen sin su gravedad. De la libertad de vuestra Gracia con gracias.

Por vuestra educación y sapiencia. Por „esa cosita” que os unió de forma perenne, por los siglos de los siglos. Por vuestra Madre Compartida. Por vuestra impagable compañía de mis piraterías. Por vuestra incontestable Gallardía. Por vuestras tres Gracias, por vuestra nada pagana Diosa Triada Capitolina.

Amén.

!qué lo que “esa cosita unió”, nada ni nadie lo separe!

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Miguel Mejías Segura.

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