Hoy te escribo a ti: adjetivo mío.

Hoy te escribo a ti,
mi idioma materno.
Hoy escribo a las palabras
que dan exactitud a nuestros
pensamientos y que de nuestro discurso,
(en elgunos casos)
hacen textos
cuidadosos, detallados,
y cómo no minuciosos.

 
Hoy escribo, sobre todo, a los adjetivos.
Cualidades. Extensiones del alma,
que añaden a nuestra
irrefrenable pasión gotas de
colores que son nuestra definición.
Elástica amplitud con tendencia
a la exageración (a unos más
que a otros, ejem)
de nuestro discurso.
Con ellos vamos siempre más
allá.

 
Según su estética la oratoria puede
resultar fea o bella.
Dependiendo de la intención,
la hacen, bienintencionada,
malintencionada, simpática o desagradable.
Si nos fijamos en su número, el discursito, puede ser
escueto, sucinto, corto, largo o extenso.
Si atendemos a la afinación, nuestra
forma de expresión puede ser certera o difusa,
redundante e incluso farragosa sin compasión.

 
Así podemos desmembrar, según
particulares criterios, los discursos ajenos.

 
Pero…

 
Lo importante, es atender al emisor.
y en el sentimiento que tengamos
permanente o momentáneo con respecto a él.
Según este simple detalle,
el discurso puede pasar de ser
el más increíble y hermoso jamás interiorizado,
a llegar a ser de todos los discursos
el más molesto y pesado.

 
Hoy le escribo a mi idioma,
a mis palabras.
Que entre sus prodigios,
encontramos adjetivos,
infinitos y sin principio.

 
Yo sólo deseo que este
tonto texto no haya resultado
un pelín prolijo.

 

Miguel Mejías Segura

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