Mis verdades, mis letanías

Me encantaría cantarlo por verdiales.

Me encantaría, poder…, reírlo  al ritmo del tamboril,
pero sólo me salen las letanías de mis verdades.

 
Ahora no vamos por la vida redichos y ufanos.
Mientras el pasado se nos aloja entre el mandil,
ni podemos recoger, nuestras mierdas, con las manos.
Sin embargo, te digo:
Ahora, la vida delante, de frente,
las carnes tiemblan ¿verdad?
Los signos de interrogación, a millares,
se transforman en ogros
que no paran de soltar mocos.
Se nos retuercen las venas.
¿Vender libros? Una pena.
Ni gota de sangre corre a través de ellas.
Palicedecemos.  Cianótico color adquiere,
la perturbadora mancha que de repente
se nos adhiere a nuestra frente.
Lo peor de todo, se extiende.
Nos cubre, nos decolora. Nos marchita.
La hiperventilación se torna pausada,
como la de un lagarto al sol del Sahara,
Ya no podemos saltarnos
las leyes de la más mínima humanidad.
Ahora pedimos clemencia a San Clemente.
Es duro, lo sé.

Pero…

Sin embargo, lo sabemos desde niño;
La tierra gira, siempre, sobre su mismo eje.
Y como dice Sabina.  “mientras la tierra gire
y nade un pez hay vida todavía.”
¿Qué quieres que diga?
Lo de siempre, mis verdades,
mis letanías.

 
«Mis verdades, mis letanías»

Miguel Mejías Segura

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