Ya no te clavas

En el techo, golpeando piedras;
alto como las catedralicias almas
de las personas desposeídas del lastre de tu ser,
me encuentro abriendo mi claraboya.
Pero ya no, ya no perjudicas, ya no saltas
ni te clavas, aunque…eres
puntiagudo, como siempre.
Ahora, abro la techumbre con tanta
fuerza que mi nueva ventana se parece
a una montera de un ursaonense patio.
El ocre y espeso aire viciado,
vinagre de la mina de tu alma, empieza
poco a poco a recuperar su frescura.
El nuevo aire atraviesa miles de
pinos de cientos metros y lagos oceánicos,
y ciervos que saltan altísimas cornisas,
y sopla violentamente las contraventanas,
( por simple protección)
de la nueva abertura,
creando un remolino que termina de pulir
los gránulos del lastre de tu ser puntiagudo.
Y… a ti, No;
A ti te digo que no a la cara,
que aunque muy puntiagudo eres,
ya no te clavas.
Miguel Mejías Segura

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