El azar de mis pensamientos.

Así es como surgió todo, por el azar de mis pensamientos. Era una de esas tardes sofocantes que el calendario sevillano ofrecía en su primavera tardía. Una tarde lluviosa y bastante calurosa. El clima de la oficina también era irrespirable. Salí de allí con ganas de llegar a mi departamento. Un primero de una calle llena de farolas iluminadas por naranjos. Quería llegar allí y poder andar desnudo por sus minicalles desde el cuarto de baño al frigorífico. Una vez refrescado y aprovechando la caída de la tarde salí al balcón en calzoncillos. Y la vi a ella andando por la acera. Bueno verla no la vi, la intuí. Su cuerpo quedaba oculto bajo ese enorme girasol color zanahoria fuerte, que resaltaba en aquella estampa como los labios de rojos de una mujer sobre un puente veneciano en una foto en blanco y negro. Aparte de ese paraguas me llamó la atención su gracioso andar. Desde arriba se veía como su paraguas dibujaba círculos, como la cinta de una gimnasta rítmica en su ensayo. Ese movimiento hacía intuir que andaba sorteando los caminos de cuerpos yacentes y ya sin vida de las flores de azahar que aquella lluviosa tarde dejaban sobre el boulevard de naranjos de mi coqueto barrio. Y como casi siempre que observo a alguien, me puse a pensar en cómo sería su vida. A qué se dedicaba, cuántos años tendría, su familia, sus aficiones, cuando sería la última vez que habría hecho el amor, con quién o con nadie…o…

Y pensé…Seguro que se llama Alejandra y por su modo de andar viene de dar clases de flamenco en la escuela que hay tres calles más abajo de la mía, es decir dónde yo vivo. En el bolso de tela largo con estampados lleva su pintalabios preferido, las llaves de un corola gris, las llaves de casa con un llavero que seguro es un mini zapato rojo de la marca convers, un par de tampones, un espejito, un monedero sin monedas, un portalentillas hecho a mano con el carton de un tetabrik y las claves de su vida… Además lleva unas castañuelas de color madera oscurecidas por el paso del tiempo, pues pertenecieron a su abuela y con ellas acude cada martes a la escuela de flamenco. Y…no…ella no lleva móvil. Ella, no era de esas mujeres que viven pendientes de un móvil. Por su forma de andar pensé que era una mujer libre, que no necesitaba a nadie para poder amar. Ella era capaz de amar sin la necesidad de poseer ni de que la poseyeran. Sólo una mujer así podría andar de esa forma, estaba seguro de ello. De repente se paró y se agachó doblando las rodillas con los pies casi pegados. Yo no era capaz de ver nada, aquel paraguas lo tapaba todo; pero pensé que su muñeca izquierda, en su balanceo al andar, se enganchó con la larga tira de su bolso, y que el tornillo de su reloj de muñeca se había soltado dejándolo caer sobre un charquito y por eso se agachó a recogerlo. Yo todavía podía oír el ruido del contacto de las suelas de sus manoletinas rojas de charol con la superficie del agua que sobre la calzada descansaba cuando ella se acercó a su Suzuki, un Vitara blanco. Lo abrió y estornudó. Antes de entrar en el coche cerró el paraguas que dejaba ver su gabardina color azul…¿azafata?, y su bolso corto de cuero rojo y sus largos rizos, diría que de color negro. Se subió al coche y lo arrancó, luego abrió su bolso y cogió el móvil y habló por teléfono. Luego de dejar caer la cabeza en el respaldo del asiento se marchó dando un acelerón.

Y luego pensé…no, esa mujer se llama Virginia y viene de hacer el amor con un hombre que no era su novio o su marido, pues esa otra relación se había vuelto habitual, aburrida… Así  fue como la parte de mi yo que vive el presente me dijo: de alguna forma tú estás siendo infiel a Alejandra. Ya no te acuerdas ni de ella ni de su gimnastica y flamenca danza.

Un comentario en “El azar de mis pensamientos.

  1. Qué poquito falta para que puedas volver a pasear por tus calles sevillanas, que poquito falta para que puedas volver a oler el azahar en primavera, que poquito falta para que puedas observar por tu ventana y decidir si poner o no nombre a quien por ella divises. Un relato precioso Miguel, lo vas leyendo y te vas meciendo con él. 🙂

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