¡Qué poco falta!

Poco falta, casi nada
para que tu cándida alegría
que exhala tu equilibrado rostro
se pasee por los pasillos de la verdad
y la luz; entre tu entrada,
mi cocina, y la alcoba
de dos semanas de soledad.

Poco falta, casi nada,
para que tus carcajadas,
rompan este inquietante silencio,
que te sustituyó sin permiso.

Para que esos versos que son tus risas,
remuevan el estancado aire,
y lo conviertan en mi brisa.

Poco falta, casi nada,
para que los olores de tus nuevas especias,
se volatilicen al calor del hogar,
alimentando nuevos saberes,
que hagan expulsar lo rancio
de los por fin ayeres.

Qué poco falta, casi nada,
para que la cálida iluminación,
que tus más claros que oscuros
Topacios irradia
tire al nocturno aquelarre por el balcón.

Que poco falta, casi nada,
para compartir la verdad.

Miguel Mejías Segura

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