El impulso

Aquellas largas estaciones,
el polvo acumulado por la desidia,
las paredes y pasillos angostos,
los peñascos cada vez más altos,
los regajos sin sus rumores,
las salamandras remordiéndose las colas,
y unas almas que miran y callan
y otras que ven y lloran.

Se acumula en capas el salitre,
el óxido se extiende como la gangrena,
y al romperse otra nueva aurora,
se regurgita el grito de todos los antepasados:
cásate con esa nueva estrella,
que aunque tímida y titilante,
te atrae con su pasión desmesurada,
¡ay! Por fin un nuevo acicate.

Miguel Mejías Segura

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