Potro de Rabia y Miel

Me dispongo a escribir algo. Me intento inspirar escuchando a Camarón y me concentro en uno de sus versos, “Al verte las flores lloran. Cuando entras en tu jardín. Porque las flores quisieran. Toítas parecerse a ti.” No se puede tener más gracia y más arte para explicar la belleza.

Pero de pronto me detengo sin saber por qué y me observo las manos. Mis manos. Son unas manos poco masculinas, de palma ancha y dedos cortos. Unas manos pequeñas, pero que hasta el día de hoy me han resultado muy útiles y satisfactorias. Me recuerdan a ti. Me sigo observando y me miro las muñecas. Se le sale un poco lo que yo creo que es la terminación del cúbito. Me recuerda a ti. Me toco la nariz y me parece igualmente pequeña. Terminada en una puntita dividida en dos mitades por el cartílago, como si fuera una pincelada de un pintor que intenta trazar sin hacer daño al lienzo. Vuelvo a tocar la nariz y me doy cuenta que esta característica se aprecia al simple tacto. Me recuerda a ti. Mis orejas de igual forma algo chicas y pegaditas a la cabeza, son como una palmerita de hojaldre. Me vuelven a recordar a ti. No me resisto más y me voy al espejo. Veo unos ojos que quieren mirar al mundo con justicia y con verdad pero que tienen algo de picardía. Me recuerdan mucho a ti. Se me viene a la mente muchas anécdotas, bromas, risas, travesuras que he ido repartiendo por este mundo. Y cada vez me recuerdo más a ti. Y pienso qué pasaría en el mismísimo núcleo de mi primera célula. Recombinación genética, intercambio, copias….y aún así no se puede negar que vengo de donde vengo. Me recuerdo a ti y punto.

“segurita” de tu pizpiresco encanto,
con el apellido Ferrer ibas de compañera
casi un diamante a bien por pulir,
por ese instituto y sus escaleras,
te sintió el futuro detrás de ti.

Por las calles empedradas de Osuna
saltándote clases de tres en tres,
dejando a cada paso tu gracia de perdiz,
no te hizo falta más para doctorarte,
en familia y amores sin tamiz.
que esa sonrisa tuya; nuestra fortuna.

De guateque en guateque,
conservando esa juvenil rebeldía
sigues tirando porque te toca,
ganando siempre tu partida
a las estocadas que da esta vida.

Amas a los que amas,
por que sí, porque no hay más.
En ti no hay medias tintas,
ni tintas que se medien.
A ti se te llega con una milhoja
rellena de crema pastelera
en la mano derecha,
y con la verdad,
en la mano izquierda.

Porque no hay nadie como tú,
para ponerle al gato con botas,
y que suene y suene,
…el cascabel.

Naciste así, llena de belleza y de rebeldía.
Como un “Potro de Rabia y Miel”
Y es que como dice Camarón,
«Al verte las flores lloran.
Cuando entras en tu jardín.
Porquelas flores quisieran.
Toítas parecerse a ti.»

Y yo, mientras más miro
ese parecer mío,
más me recuerdo a ti.

Felicidades Mamá.

Miguel Mejías Segura

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