Mi regalo de cumpleaños para vosotros y sobre todo para mi sobrina Sandra.

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La historia de Lampirídito el “pocasluces”

En un mundo muy alejado del nuestro, de cuyo nombre sí que me acuerdo y en el que no había luna, habitaban seres de muy diversos tamaños y formas y plantas nunca vistas por nuestros ojos; en nuestro mundo.

Hablamos de Lampirilandia. En Lampirilandia todos estos seres de aspectos extraños vivían en armonía y felicidad. Pero sólo de día. Cuando la noche acechaba sobre las casas de los habitantes de Lampirilandia, todos estos seres se adueñaban de todo tipo de malos sentimientos gobernados por los siete pecados capitales. Avaricia, envidia, gula, pereza, lujuria, soberbia, e ira.

Entre estos seres habitaba una enorme familia, los Lucídicos. Los Lucídicos eran unos animalitos muy pequeñitos que podían volar y que eran capaces de producir pequeños destellos de luz durante la noche. Eran los dueños de la noche ya que a ellos no les afectaban estos malos sentimientos por la luz que producían. A esta familia pertenecía Lampirídito el pocasluces.

Lampirídito nunca conseguía estar alegre. Incluso de día cuando la paz y la armonía reinaba es Lampirilandia. Él, a pesar de ser un miembro de la familia de los Lúcidicos no podía producir luz.

¡Hola Lampiríto! -le saludó Calífero-. ¡Hola! –Le respondió Lampirídito con voz tenue, apagada; como si alguien le hubiera extraído toda gota de energía, como si no tuviera ya más energía en el mundo.

-Ey! ¿Qué pasa? ¿No vienes a jugar con nosotros al “suma y sigue”?-

-No, lo siento. No tengo ganas. Además no sé cómo se juega. Será mejor que me dejes en paz.

-¡Pero si tú nunca tienes Paz! De esta forma es imposible que te deje con ella. Mira es muy sencillo jugar al “suma y sigue”. ¿Te acuerdas de Dactilipito?

–No,- respondió quedamente Lampirídito.

-No te preocupes por esto, después te lo presento. Pues te sigo contando. Dactilipito es capáz de enrollarse a sí mismo, formando una pelota. Después reclutamos a nuestros amigos, vecinos, familiares hasta un máximo de 50 jugadores. Luego formamos dos equipos de 25. Cada integrante de cada equipo sólo puede tocar la pelota, osea a Dactipito, dos veces, y se la tiene que pasar a un compañero. Para obtener puntos hay que llevar la pelota a la cima de la colina del barrio de Tierra Alta. El juego continua entre los dos equipos y quien más puntos consiga antes de caer la noche es el equipo ganador. Por eso el juego se llama suma y sigue. ¿Y..? ¿qué te parece?-

A lo que Lampirídito respondió. -No, lo siento. No me interesa- Me siento triste, quiero que me dejes en paz.

-Bueno, tú te lo pierdes. Tienes dos opciones. O quedarte sólo aquí a esperar la noche o disfrutar del día antes de que esta llegue. Tú decides. Adiós.-

Lampirídito voló y se quedó en la orilla del lago Diiten y esperó a que la noche llegara. Mientras escuchaba como Calífero y Dactilípito se lo pasaban en grande. Y Cómo los integrantes de su Familia hablaban con otras familias y otros seres, y como todo el mundo reía, se lo pasaba bien y disfrutaban haciendo barbacoas, todos tipo de deportes y juegos. Pero él no podía; no podía disfrutar, ni siquiera reír. Nunca lo hizo.

En ese momento se le acercó con su gracioso y típico vuelo Lepidoctica. Una bella alada y de vuelo sutil, de la aldea próxima de donde vivía Lampirídico. Todo los seres de Lampirilandia la conocían por el nombre de Ninjin. Ésta se posó en la misma piedrecita dónde estaba sentado Lampirídico y se quedó a contemplar el lago.

-¿Bonito día verdad?-dijo ella.

-Ni lo sé ni me importa. –dijo él. Con voz como si se le hubieran subido los gases del estómago a la cabeza.

-Pero bueno chico… ¿y a ti qué te pasa? El día está precioso y podrías disfrutar toda esta felicidad y armonía antes de que llegue la noche. Ya sabes lo que pasa en este planeta cuando lo noche llega. Y es mejor estar al menos la mitad del día feliz que infeliz todo el día-

-Es precisamente eso es lo que me pasa. Qué no entiendo como todos vosotros podéis estar felices durante el día sabiendo lo que nos pasa por la noche. No se puede estar siempre y cada día cambiando de un estado de felicidad a que por la noche nos convirtamos en seres odiosos. ¿Cómo lo consigues tú?-

Un día mi abuela me comentó que debería hacer siempre lo máximo posible, que debía usar impecablemente mis palabras, que no debía tomarme las cosas personalmente, y que no debía hacer suposiciones.  Pero sobre todo que debía sonreír siempre. Así es como conseguí permanecer como una niña siempre y ser yo misma al menos de día, incluso a veces lo consigo de noche. Y además siempre se puede hacer algo positivo, algo bonito, por los demás y sobre todo por uno mismo. Y eso aporta mucha felicidad.

Él se quedó pensando en estas palabras.

-Ya pero…, tiene que haber una forma para no sólo de día sino de noche también podamos ser felices. Yo nunca he reído; no sé hacerlo. Todos los miembros de mi familia pueden brillar por la noche. Pero yo… A mí… A mí nunca me ha salido ni un poco de luz. Me llaman el “pocasluces” a modo de burla. No sé qué hacer.

A lo que ella le respondió. -Simplemente tienes que observar bien.

Entendiendo sus palabras, Lampirídico la miró y armándose de valor le dijo… -¿sabes que tienes unas antenas preciosas?-

Ella sonrío y se fue volando.

Él se quedó pensando en sus antenas y logró sonreír. De repente, justo cuando el sol se ponía, se le encendió un pequeño destello de luz al final de su abdomen.

¿Cómo? ¿qué? Incluso se asustó de forma feliz. Y mientras más sonreía la luz era cada vez menos titilante, más continua. Más fuerte. Más intensa. Cerró los ojos y respiró profundamente, mientras recordaba las palabras de la bella antenada Ninjin. Ummm…hacer lo máximo posible, ser implacable con las palabras, no tomarse las cosas personalmente, no hacer suposiciones, hacer cosas positivas por uno mismo y por los demás…y en sus antenas…y su abdomen se hinchó y brilló como nunca….y el sonreía….y cuando abrió los ojos y miró al cielo se le ocurrió una idea.

Habló con sus primos y primas y los amigos de sus primos y de sus primas y les contó el plan, mientras estos se alegraban por ver brillar a Lampirídito.

Allí en el cielo, antes de que el sol se termine de poner. Tú y tú tenéis que volar rápido y con vuestros destellos de las luces de vuestros cuerpos tenéis que formar una cruz justo encima del lago Diiten. Unos cuantos de nosotros hacemos un círculo alrededor  de la cruz uniendo sus extremos y el resto se coloca dentro del círculo completando una esfera llena de luz.

Así lo hicieron. Todos los seres vivos de Lampirilandia se alegraron de poder de tener luz de noche. Y consiguieron por primera vez en sus vidas ser felices y poder tener armonía y paz también de noche.

Y… así es… como en Lampirilandia al final de cada puesta de sol de cada día aparece la luna que ahuyenta los malos sentimientos. Y que da felicidad y armonía.

Sonríe siempre!!

Miguel Mejías Segura

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Sonríe siempre!!

Miguel Mejías Segura

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